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Con qué facilidad nos envenenan sus dulces formas.
Con qué facilidad caemos ante sus miradas “ingenuas” y llenas de "debilidad”.
Con qué facilidad se pierden batallas,
por culpa de nuestros negligentes corazones.
Borramos heridas ahogando el dolor.
Y entre varios nos sobamos el lomo y lloramos.
Y vamos tomando.... y seguiremos tomando.
Y haciendo el trueque
de nuestra tristeza por unos tragos,
nos volvemos aún más débiles y volvemos a buscarlas
en los lugares en que nuestra memoria las sitúa.
Irónicamente, nunca están ahí...
Y quién no ha caído?
Son exactas, perfectas, intolerables, inentendibles
y odiosamente lindas... y lo saben.
Aunque tratemos de mentirles, endureciendo el pecho,
saben que al primer beso nos fundimos
y que somos de ellas... y que siempre lo seremos.
Dulce agonía,
dulce enemiga,
dulce ironía,
dulce desdicha.
Ciudad de los azares.
Ciudad de remoliendas y silencios.
Ciudad de flujos correntosos,
se contorsiona exhalando color y recovecos.
Valparaíso, de la mano sus amores
estrechándose en un parto de alegría.
Cordillera concebida en mosaicos diminutosde casas naranjas y amarillas.
Callejón de valses y fachadas,
soñando las señoras en balcones...soñando.
Y soñando a que nunca se nos muera
el puerto y sus gaviotas,
su gente e ilusiones.
Soñando... siempre soñando.
A dónde fuiste a parar? Cuándo te perdí? Por qué te perdí? Por qué me di cuenta tan tarde? Es tan tarde? Por qué no logro encontrarte? Qué eres? Cómo eres? Acaso existes, o no eres nada y yo tan sólo pensé que te había tenido alguna vez?Eres mi destino? Mi pasado? A lo mejor estarás en mi futuro, o a lo mejor no. Y si no estás en mi futuro: que será de mí?Citando a Luca Prodan: “No sé lo que quiero, pero lo quiero ya! “